PALABRAS,SILENCIOS,AMORES, COMBATES, TRIUNFOS Y DERROTAS, NOSTALGIAS, AUSENCIAS.
DE FLORES Y BALAS COMO LA VIDA.

viernes, 16 de febrero de 2018

Cuando nos llame la luna


A Víctor Hugo Bolívar Graterol,
tu mundo de silencios feliz de cuidarte.


Detenido en el tedio
recuerdo tu mundo de silencios
tu poesía novelada
y los cuentos aquellos
escritos al vaivén de la brisa de tu reino.

La muerte rasga esta vez la crónica certera del viajero,
toda la peripecia de los sueños.

El camino siembra distancias tercamente insalvables,
¡y no volvimos compañero!
a jugar con el hielo
ni a saborear la frescura de los secretos
en tiempo de ciruelas
ni a compartir los diarios y sus miedos.

En la biblioteca están todos tus libros,
parecen guardar tu voz en fuga y tú sonrisa
en sus páginas existes intacto, vivo, gigante.

Cuando Sabina afine su guitarra
una noche de oscura soledad
llegarás otra vez como llega lo bueno
lo querido, lo que suele salvarse para siempre:
entre poemas, en el canto de los pájaros
en la fiestera algarabía de dos enamorados,
y en la segunda luna
que seducida de canciones te reclama.



Poema de Andrés Castillo


domingo, 11 de febrero de 2018

Poemas de: VÍCTOR GONZÁLEZ ÑÁÑEZ

Con gran honor presentamos en nuestro blog, una selección de poemas del profesor y amigo Víctor Gonzalez Ñáñez del poemario:  

UN POEMA EN CUATRO CUERPOS:
REFLEXIONES



I CONFESIONES

¿Infierno o cielo…? (me inclino por infierno)

Giro incesantemente en un rincón curtido por el sucio
Atravieso un pasadizo lineal
Mis penas fluyen en la probeta
Mi única ley es vagar

Una cadena insiste en la perpetuidad de mi joroba
En cuanto al proceso: es perfecto
El resultado: sorprendente
¡un Monstruo, un increíble insecto

Regreso a mi eje
Paseo conscientemente de un lado a otro
Como una nube o ultra de las temibles tormentas
A mi alrededor motean
Irreverentes caballeros de genuina andanza

En lo que respecta a mis amigos:
Han clavado un punzón en sus entrañas
No continuaré siendo instrumento conturbado
Por espesas palabras

He tratado de refugiarme en la sala mayor de la casa
Súbito un desbordado río de negras mariposas
Me incita a reflexionar
Estoy poseído de la cotidiana huella
De la incertidumbre
Solo Rodin me igualaría como él sabe


Surgiré a la superficie y refrescaré mis sentidos
Soy hormiga, soy insecto
De manera fácil atravesaría
El pasadizo que me condena
Seré insaciable y colocaré una cortina de cera febril
en la salida
Con ella no osaría nunca más contra mi pulso
Y sería libre como los hombres


II
Ahora paseo sobre el mundo de los hombres
Una tierra más ardiente que mi primera hoguera
No soy culpable
No soy escéptico
Aquí los humanos han envenenado
Mi mundo y el tuyo

Nada es relativo
Y difiero del viejo Heráclito
Flaqueo irremediablemente
Un soldado exhausto
Y derrotado en el campo de batalla
Una caída sin fenecer



III
Nuevamente respiro en mi umbrosa habitación
Busco quietud en cada objeto

Lo superficial, el poder y la vanidad
Todo es nulo y censurable

Sentirse muerto y estar vivo
Es un soplo abundante de libertad

Volver los ojos al ser
Es reconciliarse con el todo
Es escaparse del Ego
Es fenecer en la nada

El alma arroja las pesadillas del inconsciente
Cuando abrimos el cofre enfunado
Que interrumpe la paz del todo

Soy una hoja seca
Suave y quebradizo
Soy humano

Encontré la paz y la agonía en mi hoguera
Fui desterrado del universo
Viajé con el polvo hasta la tierra
El hombre da pasos ciegos
Su supremacía lo anonada
Pero el hombre no es todo malo
El hombre: pequeño dios


Marcho a mi propio principio
No me ocultaré en un rincón tempestuoso
Podré escapar
Porque me ahogo

La Huida:
Furtivo en el universo
Seré Dios
Seré el fuego mismo
Y mi alma rociará
La sangre sobre los hombres
Un falso preámbulo no existe
Sólo es posible la verdad

Aunque no s eré una bestia viviente
Vigilaré como un juez supremo
Cualquier acto inhumano

Desde mi reino cantaré a los mortales
Pues son víctimas de su desdén

¡Gritos! ¡Quejidos burlescos!
¡Oh indigentes criaturas!

Todos dicen que mi espíritu está enfermo
que me despojé de la humildad 
que los destruya con el rayo
Después de todo podré descansar
Bajo el sueño altanero del Universo


EL RETORNO

Retorno irremediablemente hacia mi lecho
La infinitud del universo atropella mis soplos
Y me arriesgo a ser absorbido sin querer

Aquí sólo los espíritus son dioses
Transeúntes absolutos de este reino

En cambio, el hombre es nada
La gravedad de su cuerpo reafirma el principio

Luce como espora diminuta

Una masa frágil y oxidable
Condenado a muerte
Por la malignidad de los astros

Volveré al precipicio de mi hoguera
Al centro del volcán que impulsó mi materia
A mi hogar afligido por la huida
A mi rincón agrietado por el desuso

Sentiré el amor de mis semejantes
Los que allí habitan
Por las calles, por mis ojos, por mis sombras
Sólo guardo una escalera para el descenso
Mi propia columna vertebral
Ella da seguridad a mi viaje
A pesar de estar carcomida
Por el frío inclemente.


II                                  CAER PROFUNDO

Volver a ese viejo pantano
Que guarda los secretos
De las carnes arrebatadas
A esas arenas
Que brillan de azules

Beber sus aguas
Refrescar los rostros
Vaciar las ganas
Sacudirse en la sombra
Saludar la noche
Soplar el sudor

Decir cosas viejas
Como en aquel tiempo
Lleno de magia
De frases adolescentes
De tibios cuentos
De madres arrulladoras

Volver
A ese tiempo eterno
Olvidar
Lo fugaz
Lo marchito
Sentir lo insensible
Entre las hojas caídas


Viajar en la balsa
Hacia el destierro
Caer profundo

El destierro
Inevitable encuentro fantasmal
Retorno
En círculos
Caminar profundo
Ahora hay sólo aves
Solitarias
Olores a huesos
Entre sulfurosas aguas

Vamos
Sordos
Sin quejidos
La balsa
Se agita
Nuestras carnes
Cubiertas por sombras humeantes

El destierro
Una espera
Una desdicha
Caminar lineal

Quisiera ahondarme
Hacia mi centro
Como volcán que ahonda
Su lava
Quisiera bajar
Al templo
Sufrir mi expiación
Descender de tal manera
A esa fuente estrecha
Callada
Quisiera cegarme
Hundirme
Profundo
En el silencio de esta hoguera
Beber hasta la saciedad
Ahogar mis ganas


Descendemos
Se agujerean nuestros huesos
Tienen sabor a cal

La sal nos envuelve
Entre pequeños pozos

Qué nos importa morir
Ya estamos muertos

Nuestras manos serán
El espejo eterno

Saldremos resucitados
Esta temporada invernal
Cuando nuestras frentes
Se eleven

Sólo con el dolor
Culminamos el día


No podemos tolerar
Estas visiones
Sólo las estrellas pueden contemplar
Pero callan...

Muchas espinas
Nos cortejan
Pero es tarde
Somos insensibles
Nos precipitamos sin remedio
No se preocupen si se inunda la alcoba
Bach nos visita esta noche
Me parece pasear por la vieja iglesia

Aquí estaremos
Entre vasijas de barros
Agobiados por el vacío




            IV.                               PARA TI, POETA

                        AWARE* EN EL CORAZON

El campo no es el mismo
Las últimas lluvias barren las hojas
El invierno se revela
Las chicharras se han resignado
Y cabizbajas emprenden la huida

No ha queddo nadie en las aldeas
Sólo el poeta canta
Y mientras el cante
La nada continuará siendo
Y el cuerpo será luz
Y palabra

(*)Aware: es el momento de nostalgia en el arte zen


Se vestirá de amarillos lejanos
Y así nadie sospechará
Que un día quiso soñar
Con espumas de polvo

Terreno funesto
Estrecho camino
Abaten las sombras
Destino incierto
Volverán las viejas esperanzas
Un año se va
Nunca más estaremos contigo
OH NAVIDAD
Entras por un postigo
Azules brillantes
Faroles prendidos
Cocuyos que en la vida
Nunca apagan este delirio
Otra vez esos ritos
La civilización agoniza
Un llanto marchito

Hoy vuelvo
A retomar las hojas marchitas
Qué final tan triste
Lúgubres esperanzas
Todas fueron fugaces
Que bueno es evadir
Y perderse en el laberinto
infinito

El poeta gritará
Mil voces:
Soy la muerte
La flor,
La nube,
La estrella,
La primavera,
El invierno,
El otoño,
El todo
¿Y la palabra?
...sigue siendo el pecado
* Es el momento de nostalgia en el arte Zen.


Poeta Lazarillo
Lazarillo que te fuiste
Quijotesco
Hombrecillo terrenal
Te escondiste
Sigiloso
Cual Jesús de Galilea
Aún hay entuertos
Por el mundo
Por qué tanto vacío
Hay tanto que hacer
Hay penas
Que sí dan pena
Hay batallas vastas
Hay negros Luther King
Que reverberan eternamente
Sol
Trigo
Tomillo


                        DOLOR POR LOS POETAS
Cuántas voces
Se han callado
Golpes inclementes
Acorralan
Y tornan harapos
Las letras nacionales

Se conjugan
Sin clemencia
Las bestias del Apocalipsis
Envueltos en huracanes
De invierno

Envueltos en huracanes
De invierno
Galopan  y lanzan llamas
Entre osamentas
Sin sentido

¿Por qué tanto dolor?
Luciérnagas que tintan
De oscuros grises
El país

Invocar a Dios
Parece inútil
Conjurar hechizos y brujas
Es irremediable

te evoco
Brujo de los tiempos idos
De aquel tiempo
Lanza tu látigo certero
Contra este flagelo
Incansable

Oh negra Ker
Fallece
Y retira
Tu aciago báculo
De horror.



 RESEÑA BIOGRÁFICA
Víctor Francisco González Ñáñez nació el 24 de abril de 1952, en Santa Lucía del Tuy, Estado Miranda, egresó en 1977 como Profesor de Inglés del Instituto Pedagógico de Caracas (UPEL); en 1981 obtuvo la Maestría en Artes, en Washington University, U.S.A. En el 2008, el Doctorado en “Ciencias de la Educación”, en la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), y en el año 2009 el Posdoctorado Mención “Ciencias Sociales”. Profesor Titular, Jubilado de la Universidad Experimental Politécnica "Antonio José de Sucre (UNEXPO), Vice-Rectorado “Luis Caballero Mejías”, Caracas, Venezuela. Desde el 2005 ha sido Profesor de postgrado en varias instituciones universitarias. Ha recibido el reconocimiento Categoría “A” del PEII, 2012 y 2015. Ha realizado investigaciones en el Área de Filosofía y Políticas Educativas de la UNESR. En el 2011 se publica su artículo “Estado actual de la crítica cultural latinoamericana: Una revisión del problema, en: Cuadernos Latinoamericanos, N°39, de la Universidad del Zulia. Entre otras de sus publicaciones destacan: El uso del modelo componencial en Cien Años de Soledad (1983), en las Actas del III Encuentro de Lingüistas; Una visión general del español hablado en el Territorio Federal Amazonas en el Boletín de Lingüística de la Escuela de Antropología de la UCV, 1985. En el 2009, el Centro Nacional de Historia galardonó y publicó su tesis doctoral titulada “La Crítica Cultural Latinoamericana y la Investigación Educativa”, además de su artículo en la Web: ¿Hacia una Integración latinoamericana “desde abajo”?. Algunas reflexiones para la discusión. Disponible en: Revista digitalizada Pensamiento Divergente, Núcleo Regional de Postgrado Caracas, UNESR,  n° 1, Abril 2010.Véase Blog de la Línea “Filosofía y Políticas Educativas” de la UNESR. Se desempeña como Profesor de las asignaturas “Teorías y Métodos de Investigación”, en la Maestría en Gestión y Políticas Culturales de la UCV; y del Seminario “Problemas socioculturales y políticos de América Latina y el Caribe”, en el Doctorado en Cultura y Arte para Latinoamérica y el Caribe del Instituto Pedagógico de Caracas (IPC.-UPEL). Correo electrónico: victorfranciscogonzalez@gmail.com  

miércoles, 10 de enero de 2018

Sobreviviente






A mediados de año
quizá he de cumplir 50 años.

Pronto seré también sobreviviente.





sábado, 23 de diciembre de 2017

Venezuela: grandeza, amor y dignidad


Foto de: Enrique Romay

Ya no soporto, ni tolero los mensajes, memes, palabras y alaridos grises sobre nuestra amada patria. Como una lluvia ladina y enferma de odio llegan las voces siempre anónimas que menosprecian al país, en una campaña nefasta mostrando a Venezuela como un nido de delincuencia y miseria, donde los buenos se han ido y aquí sólo queda una legión de delincuentes, corruptos e ignorantes. No lo acepto. Más allá de la compleja situación que existe, que ha existido y en peores circunstancias muchas veces ahora mismo en otros países, pero el desprecio es por Venezuela, no lo acepto.

Nuestra tierra es hermosa y la mayoría de su gente es buena, inteligente, valiente y honrada. No aceptemos esa campaña nefasta, enfermiza sobre nuestra amada tierra. Tierra donde hay poetas ahora mismo pintando de versos sus mares y ríos, cantores, obreros, profesionales creyendo en este país que amamos. Guacamayas surcan felices el cielo de Caracas, en el Zulia reina la décima y la alegría, así en toda Venezuela la gente vive y ama, con sus niños y niñas jugando a la vida noble y buena. No permitamos que gente que quiere sembrar odio, desánimo y desprecio por el país y por quienes aquí seguimos amando la esperanza logre su cometido. 

Venezuela es hermosa y superará este tiempo difícil sí, definitivo no. Este es el país más hermoso y digno del mundo, así lo grito. Amo mi tierra y su gente aún en la adversidad, ahí más lo quiero y lucho por ello. Desde hoy no acepto ni tolero campaña depredadora contra la patria de Bolívar y de todos y todas nosotros. Quién se preocupe por ella que venga o trabaje por ella. Aquí estamos amándola en cada despertar quienes nos quedamos para besarla en la acción cotidiana como abuela y esposa amada. Como dijo el poeta Cruz Salmerón Acosta aún en su lecho de muerte sin renegar de la belleza de su tierra y el amor de su gente:

"El colibrí de tú mirada riela 
Sobre el agua enturbiada de mis ojos
Y de tus célicas mejillas vuela
Un crepúsculo rosa de sonrojos".

                                               Foto de: Andrés Castillo (Cabo de San Román. Paraguaná)

Venezuela siempre libre, amada y viva.

Andrés Castillo

domingo, 17 de diciembre de 2017

Con la poesía inventó su esperanza

A los 90 años del nacimiento del amado poeta falconiano Hugo Fernández Oviol
18 de diciembre de 1927. En Cabure Sierra de Falcón.

(El poeta de niño)


El primer libro de poemas publicado por Hugo Fernández Oviol se tituló: 12 variaciones alrededor de una guitarra, ediciones Cántaro (1973), con el número doce, daba inicio a la hermosa cuenta de palabras entregadas en defensa de la vida, del ser humano, de la naturaleza, de la poesía.

Quizá las remembranzas de sus clases de bachillerato como profesor de matemáticas en 1947, en la Escuela de Comercio “Pedro Curiel Ramírez” o tal vez desde los primeros años de su niñez en su Caburé querido, cuando se quedaba ensimismado escuchando las canciones que brotaban de los cuatros y guitarras de los cantadores de salves, le hacían volver al camino de los números, de las hojas que viajan jugando con el viento, de la hermandad que siempre supo  multiplicar por dos, ahora por las seis cuerdas tensadas para nombrar la vida, así, el poeta maestro, tierno y solidario inventó la esperanza y se fue con su poesía encendiendo farolitos de almendra, de semerucos, pomarrosas o dulces mandarinas.

Desde 1962 venía publicando textos para el quehacer educativo:  planes para maestros, normas para maestros alfabetizadores, manuales agropecuarios para maestros alfabetizadores, en ellos también dejaba abonada su siembra, su amorosa entrega de maestro de pueblo, de amigo y camarada de diversas generaciones de venezolanos, de latinoamericanos. Su labor educativa no estuvo nunca separada de su labranza poética.

Luego siguieron los poemarios: Agua delgada (1974), Cabure también tiene poetas (1976), La casa deshabitada (1982), La canción de Morela (1983), La canción anónima (1991), Para que pongas a navegar la rosa (1991), Caballos (1995) y las antologías del Fondo Editorial del estado Falcón. Ediciones Libros Blancos (2000) y de la Editorial El perro y la rana (2006). En la revista Ventanal como memoria de la tertulia que lleva su nombre nos legó hermosos trabajos, cada cual con la claridad y firmeza que siempre lo identificaron. Casi al final de su largo y florido camino, en una edición artesanal nos entrega el poemario: Jayling (2005) de 20 ejemplares numerados, con un atento y sublime diseño del artista Emiro Lobo, en él se resguarda la escritura del niño amoroso y grande que tanta falta nos hace, en estos tiempos de ausencias de verdades, de coherencias y sabias palabras.

La poesía de Hugo Fernández Oviol, es poesía que canta entre los árboles, sobre el rio, entre las naranjas, desde sus comienzos su palabra se comprometió con la naturaleza, con la defensa necesaria del espacio donde el hombre habita, no hizo nunca el poeta un arte para buscar un nombre entre la literatura nacional, su poesía fue vehículo para mirar a la gente, para abrazar a los amigos, para conversar con el obrero, con la muchacha, con el arreador, con el hacedor de guitarras, para arrullar a sus nietos, para ponerles un papagayo entre las manos y volar con ellos.

La naturaleza, la dignidad del ser humano, el amor como herramienta para construir caminos y la canción nacida del suelo que se ama, fueron impulsos ineludibles de su escritura poética.

Melodiosa canción que como rumor de bosque fue brotando del barro de su tierra, no en vano muchos de sus títulos tienen que ver con el canto como sendero: Del pan y la canción, sentencia amorosa y manifiesto certero sobre el rol del artista en su sociedad, sobre el compromiso del creador que milita con su arte en apoyo a la vida del ser humano, con él, Hugo asumió su trabajo poético, entre glosas y décimas se fue a la guerra de la lucha popular que jamás evadió:

hoy no promete un buen día
nació triste la mañana
ni un repique de campana
ni un rasgueo de guitarra
y con fusil y chamarra
salió la tropa coriana.

Y el poeta entrega su canción cual belleza de aurora en las pupilas: Baila Norma, es otro poema que danza con las mariposas para salvar el beso entre las rosas:

Baila, Norma
porque en la ruta área de la abeja,
al norte de la miel, al este del aroma,
hay un pueblo azul hoy sublevado
por el fusilamiento de una mariposa.

 La canción del agua, hermoso poema que deberíamos asumir como himno ambientalista, como arrullo primero por la tierra madre que tanto hacemos sufrir, en sus versos hay un diluvio de ternura que bien podría salvarnos de tanta aridez y mala hora. El cantor falconiano José Montecano grabó recientemente el poema y le impregnó una sencilla melodía en ritmo de sangueo, excelso homenaje para quien supo destilar riachuelos de hermandad y decoro, es una canción para regar la tierra y el alma que vamos incinerando torpemente, poema que hay que divulgar en las escuelas, en los campos, en las calles del pueblo para decir con él:

Y en la noche agruparemos
a todo el pueblo en la plaza
y juntos entonaremos
la dulce canción del agua.

La poesía de Hugo Fernández Oviol, su huella de honestidad y militancia, son el eco de su grito, de su camino tallado sin arrear banderas, sin horadar, ni traicionar sus sueños, sin profanar la sencillez y humildad con la que vistió siempre su conducta, eco que hoy sigue llamándonos desde la seriedad de su trabajo creativo, a poblar la casa que se nos va quedando sola, cuando olvidamos el abrazo sin hipocresía y mezquindad, abrazo de paisanos, de arrieros del mismo camino donde nos topamos inevitablemente.

La poesía de Hugo fue frontal, sin velos estéticos, pero siempre cuidó el poeta que el sol de la contienda no quemara su corazón y manos a la hora de escribir la idea, ya lo decía el filósofo José Ortega y Gasset: “Quien quiera enseñarnos una verdad que no nos la diga”, la verdad de su palabra tenía el latido de su huella,  por eso en sus versos habitaron los gonzalitos, caballos y mariposas, las gaviotas y palmeras, sapos, grillos y riachuelos derramaron en lágrimas muchos de sus libros, hoy con ellos  vamos calmando nuestra sed en la inevitable distancia de su abrigo.

Dos meses antes de su partida escribía en una cuartilla donde con grandeza de escritor y poeta resumía toda su vidaA orillas de mi muerte, no tengo nada de que arrepentirme y en honor a ustedes y a los viejos copleros de la serranía falconiana, me despido con la siguiente copla:

Qué sabroso es constatar
que uno ha llegado a ser viejo
sin haber sido pendejo
y con mucho que contar”.

El recuerdo del poeta, el maestro, el amigo

Siempre quise conocer al poeta detrás de los libros, su poesía andaba con nosotros desde hacía muchos años, nos había formado y alimentado en noches de soledad y conversa. Una tarde coriana el cantor José Montecano permitió que se multiplicaran los abrazos y el cariño extendido al reino familiar de ambos.
Así llegamos a su casona patrimonial, tocamos a la puerta y nadie respondía, el ventanal que dio nombre a la revista nacida en su tertulia nos anunciaba con el golpeteo de la brisa que el poeta esperaba sigiloso, ahí estaba sentado al borde de su cama, con su barba repleta de paraulatas, de pensamientos compartidos, los dedos de viento acariciaban su espalda, como lo escribiera en un poema, pero no estaba solo el poeta, el recuerdo de su adorada esposa lo acompañó siempre, y así, supo de nosotros y nos abrió el cariño, conversamos largamente bajo la frescura frondosa del árbol sin olvido.

El cristofué convocó
a una asamblea
y el patio
se pobló de trinos

Bebimos el trago que siempre recordamos porque tenía el aroma de la tarde buena, de la amistad compañera. Desde ahí lo cargamos siempre, le llevamos siempre, unido a los afectos más queridos, con la serena verdad de saberlo vivo en nuestros caminos.

Hugo Fernández Oviol es un poeta vital, es un poeta cada día más necesario y vigente, porque lo que él cantó sigue pendiente, se siguen talando bosques, se siguen secando ríos, se pierden en soledad los hombres y mujeres, les faltan rosas y panes a muchos abuelos y niños.

Vamos a salir asidos de la mano,
a mojar nuestras voces, a humedecer nuestro pelo,
a lavar las palabras, a sembrar nuestros besos,
a fecundar la tierra.

Hoy la poesía venezolana anda en tierra buena, en toda nuestra patria jóvenes poetas salen al camino a pelear con la aridez del tiempo global, voraz, huidizo, con la palabra poética como adarga en los brazos, hacen guerra de versos para seguir la huella de los viejos peregrinos.
El poeta nos deja en uno de sus últimos versos su joven poesía, esa que se escribe cuando se ha vivido con todos los años de amor compartido.

Tu liviano universo lo descubro en los bosques de la sierra.
A orillas de tu amor soy un árbol florecido que multiplica sus pájaros.

Hugo Fernández Oviol anda con ellos, así lo diría otro gigante poeta español Marcos Ana, al decir de Pablo Picasso: “hace falta tiempo, mucho tiempo para ser joven” y Hugo vivió la vida que amando escribió, su poesía es joven como ellos, porque nombra al amor y el amor es un viejo de ojos aguarapados de nobleza, de barba roja colorada, que sigue naciendo.


Andrés Castillo
Docente universitario.
Escritor