PALABRAS,SILENCIOS,AMORES, COMBATES, TRIUNFOS Y DERROTAS, NOSTALGIAS, AUSENCIAS.
DE FLORES Y BALAS COMO LA VIDA.

viernes, 22 de junio de 2018

Amigos



                       A ellos

Todos mis amigos
han navegado airosos
más de medio siglo
de victoriosa existencia.

Con la misma suerte 
he cruzado como ellos
esa franja inmensa de mar
que nos lleva
vida intensa que se agranda
en cada sueño que navega.

Otros queridos y presentes
se marcharon con la vida
regada de querencias,
en alguna parte han de esperarnos
aire,
flor,
barro  o cielo
serán ahora los compañeros,
polvo de estrellas o luna de recuerdos
que nos alumbra el sendero desde lejos.

Hoy brindo por ellos
por los que están
por los que partieron,
por la vida y el canto,
por el verso
por las manos que estrechadas
siguen sembrando claveles
desmalezando silencios.

Amigos
siempre pocos,
como las frutas del árbol
de nuestra infancia,
ahora en la rama de un recuerdo
con la brisa se duermen.

En el abrazo de alguno
abrigan todos
aunque nos falten, más de uno.

Poema de Andrés Castillo


miércoles, 30 de mayo de 2018

Crónica de viejo cine


En el año 2016 el querido y siempre presente Víctor Hugo Bolívar Graterol me pidió que escribiera una crónica para  un trabajo que estaba realizando, el cual estaría conformado por crónicas de varios escritores falconianos,  lamentablemente el tiempo y la mala hora no permitieron que su compilación saliera al aire de nuestra tierra. Hoy y siempre le recordaremos con el mismo amor con el que volvemos al camino de la Paraguaná que nos recorre, nos habita y despeina el alma.




Volver al camino desde la Pantalla Grande


“Nadie es quien para morírseme”.
Leopoldo Castilla




Muchos años estuve siguiéndole la pista a una película filmada en nuestra tierra paraguanera en 1974, bajo la dirección de Daniel Oropeza, con las actuaciones protagónicas de la recordada y hermosa actriz Pierina España y el actor Rafael Rodríguez.
La búsqueda se tornó para mí en un compromiso con los recuerdos más queridos de la infancia, razón por la cual me llevó a rastrear por infinidad de instituciones dedicadas al cine nacional, buscando dar con la obra completa y en el mejor estado, para poder quizá encontrarme otra vez con aquellos largos relatos, que mi padre, en innumerables oportunidades rememorara con certera precisión.
Desde muy niño me gustó atesorar recuerdos, memorias, anécdotas e imágenes, quizá de allí me viene el amor por la historia pequeña, la que se escribe muchas veces ignorada en algún cuadernillo del corazón o la que nunca se cuenta, pero vive.  Desde niño también cultivo el apego por las antigüedades, por conservar el más insignificante papel, hasta vetustos artefactos y muebles, que sin lugar a dudas guardan dentro, el paso del tiempo, vida y huella de una época, de un país, de algún ser humano que a raudales ha escondido en ellos inolvidables anhelos.
Mi padre llegó a Paraguaná como muchos otros hombres y mujeres, quienes, buscando un trabajo digno, a la vez de aminorar la pobreza y exclusión a la cual estuvo sometida las zonas campesinas después del auge de la explotación petrolera, en una Venezuela que pasó vorazmente, de una cultura agrícola, bucólica, a otra, donde el casco de hierro, los pantalones de kaki y los zapatos de seguridad se convirtieron en uniforme e identificación.
De la Sierra coriana llegó mi padre.
Nunca pudo ser empleado petrolero por culpa de un accidente en uno de sus brazos, sufrido en tiempos de su niñez, en aquella época sin médicos rurales, ni hospitales cercanos, debió padecer los ungüentos del fiero sobador, con ron de culebra y fuertes masajes intentaba poner en su lugar, ya no la carne “huía”, como solían decirle nuestros abuelos, sino los huesos de la triple factura que hiciera temblar y llorar de dolor, no tan sólo al niño, sino a quienes lo escuchaban gritar desde lejos.
Mi padre fue oficial de policía cuando Medina Angarita era presidente del país y el general León Jurado conservaba todavía su autoridad en el estado Falcon, el  señor Néstor Gutiérrez era su jefe inmediato, más tarde laboró como chofer de autobuses de los primeros transportes colectivos que hacían la ruta al personal obrero de las refinerías de la Paraguaná petrolera, en la empresa del Sr. Víctor Fuguett, para más tarde pasar 25 años de su vida en la Vieja Línea Azul del Sr. Manuel Felipe Gamero, ubicada todavía en la Avenida Ollarvides,  como jefe del aseo urbano de la naciente ciudad.
Me gustaba mucho montar la vieja camioneta Chevrolet Apache año 69 de color azul que manejaba mi padre y más aún, hacer el largo viaje de entonces, desde Puerta Maraven, pasando por la curva de Sabino, donde hoy se ubica el distribuidor de entrada a nuestra ciudad, hasta llegar al Cardón, por una sola carretera muy angosta, esa era la ruta entretenida de aquel largo viaje que de vez en cuando hago placentero en mis recuerdos. De ahí pasar al viejo relleno sanitario, donde por vez primera supe de la pobreza extrema y la miseria, con niños rodeados de moscas, peleando el desayuno con zamuros y perros callejeros.
Todas las semanas hacía con mi padre ese recorrido, entre calles de tierra, mil historias y vivencias.
Recuerdo la enorme casona llamada La Galera (monte adentro), La Perla Cubana y el viejo arco de la Federación ubicado cerca de la Urbanización Las Margaritas, estructura enorme decorada con conchas marinas, era una de las pocas esculturas de una ciudad que no tiene entre sus amores, el resguardo de su pasado, el valor por su patrimonio.
En algunos de esos viajes de regreso a casa, después de andar por el Cayúde o Santa Ana, pasábamos frente a un viejo bar, ubicado unos kilómetros antes de entrar a la ciudad de Punto Fijo, llamado “Los Arcos”, era un extraña construcción retirada de la carretera, de paredes bajas con techos zinc, en semi círculo, que se tornaban llamativos a mi joven e inquieta mirada.
Cada vez que desfilábamos por aquel enigmático lugar, mi padre relataba:
-          Ahí se grabó una película, “Maracaibo Petroleoum, Company”, con Pierina España. Y ahí salías tú, tomándote un refresco, desnudito en pelotas.
Relataba mi padre como proyectando cada escena con entusiasmo y alegría, terminando siempre al decir:
-          ¡Unos pistoleros entraban al final y acababan con el baile!
Un día después de tanto indagar di con aquella obra cinematográfica, cuando la tuve entre las manos parecía que estaba a punto de encontrarme otra vez con las palabras de mi viejo, tantas veces compartidas conmigo y la brisa hermosa de nuestra amada Península.
  Me instalé a verla como quien asiste por primera vez a un viejo cine, y de repente mi sorpresa, transitaban ante mis ojos infinidad de recuerdos y personas queridas, al principio del film, un relato documentado de la pobreza y miseria de las comunidades cercanas a los campos petroleros, luego una vieja camioneta Wolswagen invitaba por medio de un parlante y en nombre del partido del pueblo al casamiento colectivo, en ella la Sra. Miguelina Márquez, una de las primeras locutoras de Venezuela, figura muy conocida en nuestro estado, con ella el querido  Rogelio Lugo Villa (periodista y locutor), quien peleara el amor de Pierina España con el protagonista de aquella obra cinematográfica, así se asomaban caras conocidas, la Sra. Nelly Oduber de Quevedo, Eduardo Isea Borjas y por supuesto mis padres, quienes formaban parte de una de las tantas parejas que asistirían como elenco del matrimonio colectivo que se tendría que escenificar.
Aquella película nos muestra la vieja Península y los inicios de la explotación petrolera, los comienzos de la lucha sindical, las dadivas de los viejos partidos, el mundo turbio y teatral de los ya extintos botiquines, con ellos un país que no es el mismo, pero que navegó horrorosamente entre la miseria pavorosa, los nuevos modos de convivencia y el tráfico de combustible, víctima de la explotación trasnacional.
Los hermosos relatos de mi padre sobre la tierra que tanto amó, hace ya muchos años que se estacionaron en mis inexpugnables querencias. 
 Punto Fijo ha cambiado mucho desde entonces, sobre todo en la sencillez, ingenuidad y tranquilidad de sus habitantes, el fuego del mechurrio sigue combatiendo con la brisa incasable de nuestro suelo noble, hoy, nuevos molinos con aspas enormes parecieran regresarnos los viejos sueños del quijote Ibrahim López García, los de Pedro Amaya y los de tantos, los nuestros.
La vida no siempre es una película, pero gracias al arte, al teatro y al cine, hoy podemos volver al camino de la niñez, ahora desde la pantalla grande.

Andrés Castillo
Caracas 26 de enero 2016




domingo, 27 de mayo de 2018

Esperas y relámpagos



A María Calcaño
a quien voy amando.



Desde que vives en mi pensamiento
soy un tormento
de canción...
M C


Cada noche me sumergía
entre los pliegues luminosos
de su poesía,
ella me enseñó a amarla
con sedienta nostalgia.

Y me convertí así
en su amante sigiloso
sus versos me devoraban y
pude una noche liberar 
las mil luciérnagas moradas 
que habían nacido entre mis manos.

Cada vez que la leía
sentía que hacíamos el amor
que ella nos ahogaba
en un lago de cielo.

Sí por lo menos
pudiera rozar sus labios
será verdad
-palpitante-
lo del relámpago del Catatumbo.



Poema de Andrés Castillo

lunes, 7 de mayo de 2018

Tejido en silencio





La patria que quiero
como a una wapa Yekuana
habrá que irla tejiendo.

Otra vez
desde el comienzo.



Poema de Andrés Castillo

domingo, 6 de mayo de 2018

Mi casa de nostalgia





Te contaré de mi casa,
es fácil dar con ella
siempre canta un cristofué en las mañanas
y una nube de anhelos la cumbre de nostalgias.

Mi casa es serena y callada,
pero no mansa,
una trinitaria decora su fachada
y una puerta de viento custodia los insomnios
que suben cual trepadora por las ventanas.

Ahí está mi casa
es fácil dar con ella.

Cuando te acerques guarda silencio
y escucharás como canta
la canción del beso y la esperanza,
la de la mano amiga sin tardanza.

Una campana vigila su puerta
y cuando la calma hace la siesta
ella suena desesperada,
no le gusta el silencio a mi casa
ni las mentiras
ni las falsas pisadas.

Un manojo de llaves juega a los ecos con el viento
y sonajera se vuelve a media tarde,
y canta, canta siempre sin alardes.

Adentro duermen radios viejos
fotos, cruces y recuerdos,
hay libros por todas partes y versos
en cada esquina hay un cuenta cuentos
un mago, máscaras e inciensos,
mil sombreros con los que me cubro del tedio
y palabras, palabras para ahuyentar deshonestos.

Pero aun así mi casa está sola, faltan ellos
los amores que de pronto partieron,
el aroma del café
se fue escondido en sus cabellos
y el dulce de las galletas
olvidó como besan los labios
y el te quiero.

Tendida sobre la cama está mi guitarra
silente y dormida,
aguarda el amor de rasgar la vida
de soñar la luna, de curar heridas
cuando vuelvan un día
los nobles amores que la comprendían.

Ya lo saben,
Ahí está mi casa
sembrada al pie de una montaña
donde cada tarde baja silente:
la neblina, el frio y mil nostalgias.



Poema de Andrés Castillo


domingo, 29 de abril de 2018

Poemas Servilletas y Caminos



Con gran placer presentamos una selección de poemas del apreciado amigo Maury Abraham Márquez, Antropólogo, Docente, Investigador y activo defensor del patrimonio cultural venezolano y latinoamericano. 

Aquí nos deja sus pasiones poéticas, el amor por la mujer que desvela, que como la tierra que se ama, nos descubre el más hermoso amanecer. 



Poemas de: Maury Abraham Márquez




COLMADO DE AMANECERES
A Yasne

Colmado y prolijo
De amaneceres,
Busco refugio
En tus ojos,
Que abiertos
Amansan vientos,
Y tormentas
Que arremolinan
La mirada
Ebria
Cuando el sol
Abre sus alas.

Mustia la tarde,
Deja caerse en sombras
Que angustian
El recuerdo,
Que como un ave
Apura al puerto,
Por qué tifones y arcanas olas
Se baña el cabello,
Y yo me refugio
En el recuerdo
Danzarina de los astros.
Y tu voz me viene
De los templos,
De los faros,
De los taciturnos
Tiempos.

Y cual soñar
Me adentro en tus labios,
Y encuentro mil luces
Ramilletes de andares
Mi danzante.

Colmado y prolijo
De amaneceres,
Busco refugio
En tus ojos,
Que abiertos
Amansan vientos,
Y tormentas,
Que arremolinan
La mirada
Ebria
Cuando el sol.
Abre sus alas.
Y fustiga esta calma.

Caracas, 04 de agosto de 2013



TRANSGREDIENDO
(I)               Intento transgredir los instantes,
Rompiendo las sombras de un zarpazo,
Para engullir el aire a punta de rizas,
Y sacarte las verdades
A Colores.

Por qué embarcarme
En tus labios es la acción de un verbo
Que quiero conjugar.

Tragarme los momentos.
Para ponerle fin
A la desesperanza,
A la agonizante,
 Razón del Olvido, …
Y Al tanto frío.

Ese es mi albedrío,
Sentirte escondida,
Imaginarte oculta,
Rabiarme de tanta fragancia compartida.

Quisiera gozar una mirada,
Donde
Los azules, se transformarán en corneas negras
 De tanto de verte…

Los cristales y los azares de tu vientre,
Intentan ser mí latir de caminante,
De transeúnte de la mañana.

Aspiraría furtivamente
Tomarte
Entre mis manos
Atando sombras
Y Destinos.

 Y Yo cual corcel
Anunciaría
 El Retorno de seres,
Alados,
Que avivarán la llama
En mirada de lagartijo.

(II)            Laditos de augurios
Cantares milenarios de furtivos
 Huracanares …

(III)          Gélidos son los instantes,
Cortan los aires,
Cortan las presencias,
Abren los instantes.

De tanto papel escrito en tanto arranque.
 Me atrevo a mencionarte.
Y tú al espejo
Entre mil bosques,

Te Refugias
Alejándote,
Ocultando tu presencia y tu fragancia
Y Cual cometa
Que resurges entre las albas
Del tiempo
Y las distancias
Desencantada
Apareces.

Por los lustros
De incógnita esperanza…
Apareces…
Caminando entre sombras,
Una mañana…


Choroní, 03 de enero de 2014



viernes, 16 de febrero de 2018

Cuando nos llame la luna


A Víctor Hugo Bolívar Graterol,
tu mundo de silencios feliz de cuidarte.


Detenido en el tedio
recuerdo tu mundo de silencios
tu poesía novelada
y los cuentos aquellos
escritos al vaivén de la brisa de tu reino.

La muerte rasga esta vez la crónica certera del viajero,
toda la peripecia de los sueños.

El camino siembra distancias tercamente insalvables,
¡y no volvimos compañero!
a jugar con el hielo
ni a saborear la frescura de los secretos
en tiempo de ciruelas
ni a compartir los diarios y sus miedos.

En la biblioteca están todos tus libros,
parecen guardar tu voz en fuga y tú sonrisa
en sus páginas existes intacto, vivo, gigante.

Cuando Sabina afine su guitarra
una noche de oscura soledad
llegarás otra vez como llega lo bueno
lo querido, lo que suele salvarse para siempre:
entre poemas, en el canto de los pájaros
en la fiestera algarabía de dos enamorados,
y en la segunda luna
que seducida de canciones te reclama.



Poema de Andrés Castillo